Y, por fin, volvimos a ver el mar.

salida etapa Portugalete

Así empezábamos ayer nuestra última etapa. Unos 20 kilometros que nos separaban de este puente colgante de Portugalete hasta el restaurante Ibarbia, de Saltacaballo, donde se decidió “con mayor o menor acierto” finalizar esta preciosa etapa.

Los primeros diez kilómetros, y tras la cada vez más difícil prueba de encontrar una cafetería para desayunar (Dios mío que trajín…) abandonamos Portugalete, dejando el cementerio a la izquierda, y pasito a pasito, y todo por bidegorri hasta que llegamos a la Playa de La Arena, de Zierbena, donde por fin, nos volvemos a reencontrar con el mar, que ya hacía unas cuantas etapas habíamos dejado a un lado (muy a nuestro pesar) por etapas más de interior.

Una vez atravesada la playa de La Arena de punta a punta y dejado atrás el puente que la une con Pobeña, nada más llegar al parking a la derecha se inicia una pequeña subida de tramos de escalera (atentos, que nosotros casi nos pasamos las señales), y comienza uno de los tramos más increíbles de todos los que hemos realizado hasta ahora. Todo por vía verde, siguiendo los acantilados, perfectamente señalizado y con fuentes de agua para calmar la sed del caminante cada muy pocos metros.

De Ontón se decidió continuar hasta Saltacaballo, para lo cual, una vez dentro del pueblo, y marcado en el suelo te encontrarás dos indicaciones con pintura amarilla: Long Way y Short Way. Debes elegir ésta última, para que a través de la Nacional 634 y tras una buena subida, llegues en nuestro caso, al restaurante Ibarbia. Buen sitio si eres de los que gusta finalizar la etapa con plato y mantel, pero no tan acertado para los que preferimos tirar de bokata mochilero.

La próxima etapa será ya una vez finalizado el verano, el domingo 24 de septiembre… pero no tengo ni idea de cuál será su recorrido, porque tras los últimos ajustes, desajustes y arreglos improvisados, ya no sé si saldremos de Ontón, de Saltacaballo o de donde Cristo perdió el mechero… pero no se preocupen, que en cuanto sepamos algo, aquí seremos los primeros en manteneros informados.

Algunas reflexiones tras estas 8 primeras etapas:

  • Si hay una hora de salida del autobús para el regreso, llegar a esa hora no es llegar tarde. Cada uno se gestiona su tiempo y realiza la etapa a su ritmo, parando a disfrutar de cada rincón a su antojo, sabiendo perfectamente a qué hora debe cumplir con el resto del grupo. Salvo pequeñas desorientaciones, creo que así ha sido.
  • Unos deciden (o físicamente pueden) ir más rápido para luego dedicar el tiempo que les sobra en la localidad de final de etapa mientras que otros prefieren ir (o físicamente tienen que ir) más despacio mientras disfrutan cada esquina del camino con los compañeros de viaje. Ambas opciones son igual de válidas, yo sin ir más lejos, he hecho etapas “en cabeza” y otras “en cola”, y doy fe que son igual de válidas a la hora de disfrutar de la experiencia.
  • La Junta es la Junta, y así se ha elegido, por lo tanto las decisiones que tome la Junta se respetan, sólo faltaba, aunque no siempre se compartan dichas decisiones. Los últimos 4 kilometros de esta etapa no han tenido mucho sentido, y han “afeado” un poco lo que venía siendo una de las etapas más bonitas de las realizadas hasta el momento.
  • Seguro que el verano nos ayudará a reflexionar a todos, y la comida de hermandad que vamos a celebrar el próximo 15 de julio, será el lugar ideal para acercar posturas.

¡Buen camino!

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